“Primero las personas”, artículo de Juan Arza publicado en Expansión, junio de 2018.

Digitalización, robots, inteligencia artificial… son palabras que están en boca de todo el mundo. Los cursos, libros, artículos y conferencias sobre esas materias se multiplican. Parece que si quieres vender cualquier cosa, lo mejor que puedes hacer es añadirle el adjetivo “digital”. Nadie quiere quedarse atrás y perder el tren del futuro. Pero ante tanta agitación, que por momentos recuerda la burbuja “puntocom” de finales de los años 90, conviene que las empresas distingan qué es realmente importante de lo que es simplemente humo.
Seth Benzell, investigador del MIT y uno de los principales expertos mundiales en economía digital, visitó recientemente España y nos dejó algunas ideas sobre las que vale la pena reflexionar: “Hacerse con toda esa nueva tecnología no es tan sencillo como comprarla e instalarla. Antes de incorporarla dentro de las organizaciones es necesario que tanto los directivos como sus empleados estén lo debidamente cualificados y que los trabajadores puedan organizarse por sí mismos en equipos altamente efectivos y capaces de implementar esas soluciones (…) Hoy, el gran reto de estas compañías es gestionar el talento, organizar de la mejor forma las capacidades de sus profesionales y encontrar una oportunidad para implementar todo eso en un espacio digital” (El País, 11/03/2018).
Las potencialidades de la tecnología son innegables y la fascinación que ejerce muy comprensible. Pero antes de enredarse en proyectos de “transformación digital”, las empresas deberían detenerse a pensar si disponen de la organización y el talento adecuados. Y en ese sentido todavía tenemos mucho que mejorar. En muchas empresas las personas siguen teniendo la consideración de mera “mano de obra” y los estilos de dirección siguen anclados en el pasado. La reciente crisis supuso no sólo un retroceso en las condiciones objetivas de nuestros trabajadores, sino también un frenazo en la modernización de las culturas y sistemas de gestión. La precariedad no es sólo salarial, sino también gerencial.
Para lograr una posición de liderazgo en la economía del futuro necesitamos invertir en capital humano, la única ventaja competitiva sostenible. Si contamos con personas formadas y motivadas, bien dirigidas y alineadas, serán ellas quienes incorporen y asimilen las nuevas tecnologías, ¡o quienes se las inventen! Si por el contrario priorizamos las inversiones en tecnología y descuidamos la gestión de personas, estaremos dando una ligera capa de pintura sobre una pared en la que no tardarán en aparecer las humedades. No podemos sostener modelos de negocio futuristas sobre anticuadas prácticas de recursos humanos. Para entrar con buen pie en la era digital, tenemos que poner a las personas primero.

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